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DJI - La gran compañía china que reina los cielos con sus drones



En la sexta planta de un enorme edificio del parque tecnológico de Shenzhen, una vistosa vitrina que cumple la función de museo ilustra al visitante sobre las creaciones que en tan sólo una década han transformado lo que una vez fue el sueño de un chvalin en una de las empresas más rentables de toda China.

Por orden cronológico, se exponen las versiones de los modelos Inspire o Phantom que, junto con otros aparatos, han catapultado al éxito a DJI Technology, la reina mundial en la fabricación y venta de drones civiles para el público. Una compañía que, gracias a su innovación, desarrollo y precios, copa a día de hoy el 70% de un mercado joven. De los 5.000 millones de dólares que movió en 2015, Wintergreen Research calcula que en 2021 podría superar los 27.000 millones.


DJI es el fruto del empeño del ambicioso treintañero Wang Tao, también conocido como Frank Wang, admirador confeso de Steve Jobs. Según ha relatado él mismo en numerosas ocasiones, su obsesión por los cielos se forjó en la escuela primaria tras devorar un cómic sobre las aventuras de un helicóptero. A los 16 sus padres premiaron sus buenas notas con un aeroplano a control remoto que estrelló debido a su complicado manejo. Para colmo, tuvo que esperar meses a que llegaran las piezas de recambio. Como señaló a este diario Adam Najberg, director de comunicación de la firma china, "esto le hizo ver la necesidad de crear aparatos con tecnología al alcance de todo el mundo".

Wang también falló en sus pretensiones de aterrizar en una universidad estadounidense de élite como MIT o Stanford, y acabó cursando sus estudios de ingeniería electrónica en la Universidad de Ciencia de Hong Kong. En su último año, se dedicó a la construcción de una nave pilotada por control remoto para su proyecto de fin de carrera y que puso las bases del futuro negocio.

En 2006, el recién licenciado y otros dos compañeros se trasladaron a Shenzhen. En su piso compartido, trabajaron en la creación de prototipos de controladores de vuelo, momento en el que fundaron DJI. Pronto empezaron las primeras ventas a universidades y compañías eléctricas estatales, que les permitieron pagar a un reducido grupo de empleados mientras ellos tres vivían de lo quedaba de sus becas. "No sabíamos cómo de grande podía ser el mercado", declaró a la revista Forbes.

Pero pronto la falta de una visión de futuro y la complicada personalidad de Wang comenzaron a causar conflictos. Dos años después casi todo el equipo fundador se había marchado.


Poco a poco, este emprendedor fue rodeándose de personas más cercanas a él y su familia, y se alió con Colin Guinn, con quien años más tarde viviría una sonora ruptura que acabó con el estadounidense trabajando para 3D Robotics, la competencia directa. Fueron años de pruebas, ferias y búsqueda de nichos de mercado, un trabajo que en 2013 tuvo su recompensa.

Ese año, DJI dio a conocer su modelo Phantom 1, el primer cuadricóptero con sistema GPS en venderse montado y listo para volar, lo que puso al alcance del gran público una tecnología que hasta entonces estaba reservada para los expertos. Su simplicidad y facilidad de manejo convirtieron a este aparato en el más vendido de la compañía, que tras romper con la oficina de Guinn en Estados Unidos, cerró ese año con unas ganacias de 130 millones de dólares.

Desde entonces, la empresa no ha parado de crecer, y de los 20 trabajadores con los que contaba en un inicio, ha pasado a emplear a unas 4.000 personas en sus centros de China, Corea del Sur, Japón o Alemania entre otros países. El año pasado, la firma fue valorada en 10.000 millones de dólares, lo que la convirtió en una de las start up más cotizadas, y logró unos beneficios estimados de 1.000 millones dólares (DJI no revela sus ganancias), una cantidad que desde la propia empresa esperan que aumente este año.

De acuerdo con Najberg, las bases de su éxito son varias. Principalmente, un gran equipo de desarrolladores y técnicos. Sin ir más lejos, en marzo de este año se presentó el Phantom 4, un aparato que se ha ganado multitud de alabanzas gracias a la calidad de su cámara o su facilidad de manejo.


Otro factor de éxito es la localización en Shenzhen, el Silicon Valley chino que ha experimentado un tremendo auge. Para Najberg, además de epicentro de la industria tecnológica en China, esta ciudad "tiene algo especial porque acepta el fallo como alternativa, algo que si fundas una start up va a pasar tarde o temprano. Es algo que no casa con la tradición china, pero que aquí está permitido".
Precisamente, ha sido en esta ciudad donde la empresa DJI ha inaugurado este año una de sus dos tiendas físicas (la otra está en Seúl). Con un estilo futurista similar al de Apple.

Desde DJI aseguran que seguirán apostando por la fórmula que les ha situado en lo más alto. "Uno de nuestros retos es llegar a usuarios por primera vez. Luego, ellos mismos comprenden las múltiples posibilidades que les ofrece".




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